El estadio Exploria de Orlando vibró con una de esas noches que solo el fútbol sabe regalar. Inter Miami, contra todo pronóstico, logró una remontada épica ante Orlando City, superándolo 4-2 después de ir perdiendo por dos goles en los primeros compases del partido. Y como suele ocurrir en los momentos decisivos, Lionel Messi apareció para escribir su nombre con letras doradas en la historia del deporte.

El astro argentino no solo anotó dos goles, sino que también asistió en otro, demostrando una vez más por qué sigue siendo una figura indiscutible en el balompié mundial. Pero el broche de oro llegó al minuto 90, cuando, con la frialdad que lo caracteriza, ejecutó un tiro libre magistral que se coló por la escuadra, dejando sin opciones al portero rival. No fue un gol cualquiera: se trató de su anotación número 70 desde el punto de penal en su carrera, un hito que lo coloca en la misma línea que el legendario Pelé en esta especialidad.

Con este tanto, Messi se acerca a pasos agigantados al récord absoluto de tiros libres convertidos, que hasta ahora ostenta Juninho Pernambucano con 72. Solo dos goles más lo separan de superar al brasileño y consolidarse como el máximo artillero desde la distancia en la historia del fútbol. Un logro que, sin duda, añadirá otro capítulo brillante a su ya impresionante legado.

El partido comenzó con Orlando City imponiendo su ritmo y sacando ventaja con dos goles tempraneros. Sin embargo, el Inter Miami, con Messi como faro, logró reaccionar. El primer tanto del argentino llegó tras una jugada colectiva que terminó con un remate preciso dentro del área. Minutos después, su asistencia milimétrica permitió a un compañero igualar el marcador. Y cuando todo parecía encaminarse hacia un empate, el capitán del equipo se encargó de decidir el encuentro con su segundo gol, el ya mencionado tiro libre que dejó a todos sin aliento.

Más allá del resultado, lo que quedó claro es que Messi sigue desafiando los límites del tiempo y la lógica. A sus 36 años, no solo mantiene un nivel de juego excepcional, sino que sigue sumando récords que parecían inalcanzables. Cada partido suyo es un recordatorio de por qué el fútbol es el deporte más universal: porque en cualquier momento, sin importar el marcador o las circunstancias, puede aparecer un genio capaz de cambiar la historia con un solo toque de balón. Y esta noche, en Orlando, ese genio volvió a brillar con luz propia.

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